23 de febrero de 2011
LECTURA
* Antes de leer
¿Qué sabes de los eclipses y de las creencias de los mayas sobre el culto al sol?
¿Qué idea tienes de la presencia española en América?
EL ECLIPSE
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo. Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. Dos horas después el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
Augusto Monterroso
* Notas sobre léxico: topográfica, condescendiera, eminencia, lecho, desdén
* Preguntas de comprensión lectora
- ¿Dónde estaba Fray Bartolomé?
- ¿Quién era Fray Bartolomé?
- ¿Qué estaba haciendo en Guatemala?
- ¿Por qué pensaba al principio que iba a morir?
- ¿Sabía hablar las lenguas de los indígenas?
- ¿Qué esperaba que iban a hacer los indígenas con él cuando lo descubrieron?
- ¿Cuál fue la gran idea que se le ocurrió?
- ¿Cómo esperaba que reaccionaran los indios ante su idea?
- ¿Qué pasó al final? ¿Por qué?
- ¿Qué dos civilizaciones se mencionan en el texto? ¿Pensaba Fray Bartolomé que su cultura era superior a la de los mayas?
ESCRIBIR
La historia de Fray Bartolomé no tiene un final feliz para él. Pero te proponemos que cambies el curso de la historia siguiendo el pensamiento del misionero español.
• Escribe el final del cuento que le hubiera gustado a Fray Bartolomé. Escribe un final feliz en el que se salve.
• Borra desde “Dos horas después....” hasta el punto final.
• Elige las formas adecuadas del pasado para marcar la sucesión de acontecimientos, las acciones en desarrollo y las que se han producido antes de los hechos narrados.
• Elige terminar la narración con un final abierto o con una final cerrado.
Antes de escribir el nuevo final, piensa cómo reaccionaron los indígenas, qué pensaron sobre Fray Bartolomé, qué hicieron, etc...
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ResponderEliminarLa improvisada asamblea pareció resolver el asunto y al cabo de pocos minutos, Fray Bartolomé Arrazola yacía placidamente entre exuberantes manjares y las jóvenes más esbeltas de la tribu. Si Aristóteles contemplara tal muestra de ingenio y agudeza, seguro que se postraría, asombrado, ante él. Los indígenas estaban realmente entusiasmados con la nueva divinidad. El misionero había urdido con éxito aquel astuto plan él solo, sin tan siquiera la ayuda del Todopoderoso. Disfrutaba de su victoria. Besado por el mismísimo Rey del mayor, y también más fugaz reino que jamás haya conocido la Tierra, Fray Bartolomé Arrazola comenzaba a dudar de su condición de mortal mientras saboreaba los más codiciados placeres capaces de satisfacer al hombre.
ResponderEliminarALBA CRIADO:
ResponderEliminarHoras más tarde la tribu continuaba reunida. Fray Bartolomé empezaba ya a acusar el cansancio por la lenta espera, el hambre y la sed. Recordó nervioso, en silencio, las palabras que había pronunciado, cavilando sobre qué más podría hacer o decir para lograr salvar su vida. Entonces oyó un rumor de voces y pasos aproximándose hacia a él. Cerró los ojos y aguardó atento, estático, recordando ese mismo final que había imaginado antes de ser capturado.
Cuando el misionero volvió en sí, la tribu entera le rodeaba, observándole atentamente. Quiso entonces aprovechar la atención de su público opresor para reivindicar de nuevo su libertad, prosiguiendo con su engaño:
- ¡Oscurecerá muy pronto! –gritó señalando al sol, repitiendo una y otra vez las mismas palabras. Sabía que no quedaba mucho tiempo para que se produjera el eclipse total, puesto que la luna estaba ya muy cerca del sol.
Varios nativos se aproximaron a él y colocaron ramas secas y hojas para hacer fuego a su alrededor. El fraile perdió entonces la esperanza y comenzó a rezar en silencio. Recordó sus tiempos como predicador y echó de menos su vida de profesor antes de la misión.
Cuando las llamas ya habían crecido lo suficiente como para quemar viva a una persona, creyó de nuevo que aquél sería su final. Uno de los ancianos del consejo tribal se aproximó a él, y en ese momento la multitud comenzó a cantar en su lengua nativa al ritmo de una percusión de tambores y otros instrumentos artesanales. El viejo colocó sus manos, lentamente, sobre la cabeza sudorosa del misionero, recitando complicadas frases incomprensibles para él. El calor de las llamas era insoportable, aunque a Fray Bartolomé parecía no importarle ya nada. Su angustia se había apoderado de su mente y no pensaba con claridad. No pudo percatarse, por tanto, de que el sol estaba precisamente en ese momento, oculto tras la luna.
Afortunadamente para él, los indígenas sí que notaron a tiempo la extraña pérdida de luz y la desaparición del sol. Los cánticos y percusiones dieron paso a un silencio abrumador. El fraile, sorprendido, abrió sus ojos y contempló estupefacto los últimos minutos del eclipse total que había previsto. Respiró finalmente aliviado.
Semanas después el misionero aún seguía en la selva como invitado de la tribu, que lo agasajaba con todo tipo de presentes. Aunque le costó abandonar el lugar, finalmente decidió regresar a su país para llevar a cabo una misión diferente a la que se había dedicado: la de extender la cultura e investigación educativa sobre los pueblos indígenas por encima de cualquier creencia o finalidad religiosa.
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ResponderEliminarAntes de proceder a realizar el sacrificio, los indígenas reflexionaron pausadamente. Gracias a esta reflexión, llegaron a la siguiente conclusión: a pesar de que Fray Bartolomé les había engañado sabían que él era uno más entre ellos, es decir, que pese a las diferencias que tenían como la cultura, el idioma o la religión, había una elemento maravilloso que les unía y era su interés por las estrellas, la luna, el sol… a todos ellos les apasionaba e interesaba la astronomía. Por eso, los indígenas decidieron dejarlo vivir porque se dieron cuenta de que aunque todos eran diferentes, siempre tenían algo en común y como personas inteligentes que eran, aceptaron que lo correcto era fijarse en lo ecuánime y olvidar las singularidades de cada uno.
ResponderEliminarDe esta manera, Fray Bartolomé y la tribu intercambiaron sus conocimientos de diversos campos e hicieron grandes descubrimientos que de forma individualista no habrían alcanzado.
Izaskun Buil:
ResponderEliminarRepentinamente, cuatro de los indígenas presentes, con cara impasible, desataron a Fray Bartolomé del altar y le condujeron hasta uno de sus santuarios, donde le mostraron, con una gran solemnidad, todas las mediciones que habían realizado para predecir los eclipses.
Fray Bartolomé sintió en ese momento que su comportamiento había demostrado una gran prepotencia y que había menospreciado a aquellos indígenas simplemente por considerarles salvajes, una cultura diferente a la que él pertenecía.
Desde ese momento, Fray Bartolomé convivió con los indígenas, intercábiandose conocimientos y aprendiendo mutuamente, percatándose de que la soberbia no le había aportado nada mientras que, por el contrario, los indígenas a los que él había subestiamdo, le enseñaron el más valioso de los conocimietnos humanos, que nada tenía que ver con la Astronomía: No se debe juzgar sin conocer previamente.
Carmen Zaragoza Formiga:
ResponderEliminarEl miedo que Bartolomé sentía no era un miedo que paralizara su vida, era más bien un miedo que le llevaba a la acción. Tras el consejo procedieron con el sacrificio y en ningún momento se opuso a la ofrenda que con él los indígenas pretendían, ni tampoco dejó de decir sus preces en voz baja.
Su actitud positiva ante el dolor cambió la realidad que le rodeaba. Los allí presentes no cantaban ni danzaban, permanecían callados observando, como quienes presencian la desdicha.
Pasó un buen rato hasta que Bartolomé se aventuró a hablar de nuevo interrumpiendo el ritual:
- Me presento a vosotros débil y temblando de miedo. Con la audaz valentía de los débiles. Mas he confiado mi vida a la sabiduría y conocimiento del hombre en lugar de en el poder y voluntad de Dios. Nunca más entre vosotros preciaré de saber alguna cosa, sino a Jesucristo, y si algo engrandece al hombre libre, es entregarse a su voluntad. Sin embargo debéis temed vuestra desgracia, porque aquellos a quienes me ofrecéis no existen. Sólo quien es omnipotente puede ser verdadero.
Estupefacto y desconcertado por su actitud y sus palabras, el Supremo Sacerdote le retó a probar la omnipotencia de su Dios, a que Éste le salvara de tan deplorable destino.
- Nada puede hacer Él contra ésta piedra tan grande que Él mismo creó y que es tu voluntad.
Pausa... Demora… Sigilo. Circunspección.
El Ahuacán se retiró bajo el asombro de todos, dejando a su paso, al abandono y tras de sí, cada una de los collares, plumas y pesados cinturones que llevaba.
Ruth Marí:
ResponderEliminarDespués de una espera, no muy larga, Fray Bartolome Arrazola se encontraba sentado en uno de esos tronos indígenas, vestido con un taparrabos y con plumas en la cabeza. De estar a punto de morir, pensó, a ser adorado como un dios, tanto como el Dios del Sol, Ra. El que, gracias a los conocimientos que tenía sobre él, le había salvado de una muerte segura. Aunque tras cavilar las dos posibles opciones, ahora, no sabia cual hubiese preferido.
Final abierto
ResponderEliminarDe repente, el sol comenzó a oscurecer poco a poco y en el poblado reinó por unos instantes el caos. Todos los indígenas se arrodillaron ante Fray Bartolomé implorándole que el sol volviera a brillar como antes.
Fray Bartolomé prometió que todo volvería a ser normal, si era liberado de inmediato pudiéndose marchar libremente.
Los indígenas se apresuraron a liberar al fraile y fue entonces, cuando en el cielo el sol volvía a brillar como si despertara de un corto letargo.
Los indígenas acompañaron a Fray Bartolomé hasta que se adentró en la espesura de la selva.
Final cerrado
Fray Bartolomé no era un hombre que desfallecía ante las adversidades por grandes que estas fueran. En su afán de evangelizar a los mayas, regresó al día siguiente al poblado. Cuando los indígenas le vieron aparecer, se quedaron inmóviles por un momento y, acto seguido se arremolinaron alrededor de él.
Fray Bartolomé comenzó a hablarles de que existía un Dios que había creado el sol, los ríos, las montañas, los animales y todo cuanto existía a su alrededor. Los indígenas le escuchaban atónitos, al tiempo que empezaban a mostrar interés por lo que Fray Bartolomé les contaba. Así, comenzó su andadura hacia el corazón de los mayas, vivió con ellos en el poblado, compartió sinsabores y, consiguió que al final acabaran aceptándole a él y a su Dios.